Póker, ajedrez y go: qué comparten los deportes mentales con los físicos

En Perú, el póker viene ganando terreno de forma sostenida. Se estima un crecimiento cercano al 20% desde 2019, impulsado en parte por el acceso a torneos online y la llegada de plataformas digitales al país.
La modalidad más jugada, en torneos y en mesas de cash por igual, es el Texas Hold’em sin límite. (Foto: Getty Images)

El control emocional después de un error, la capacidad de decidir en segundos bajo presión y la lectura del lenguaje del rival no son exclusivas del deporte físico. Un tenista que pierde un punto y necesita resetear la cabeza para el siguiente entrena el mismo reflejo mental que un jugador de póker ejercita mano tras mano. Un futbolista que se repone luego de errar un penal opera con el mismo conjunto de habilidades mentales.

Esa cercanía explica por qué el póker integra hoy la categoría de deportes mentales, aunque su camino hasta ahí tuvo dos capítulos. Antes de ver qué comparte con el deporte físico, vale la pena entender qué es, exactamente, un deporte mental.

¿Qué son los deportes de mente?

Un deporte mental es una actividad competitiva que exige entrenamiento, sigue reglas fijas y busca superar a un rival, sin depender del esfuerzo físico tradicional. La categoría la organiza principalmente la Asociación Internacional de Deportes Mentales (IMSA), fundada en 2005, que reúne a las federaciones de ajedrez, bridge, damas, go y también el póker.

La disciplina del Póker

El póker es un juego de cartas con información incompleta. Cada jugador conoce solo su propia mano y debe decidir con datos parciales sobre lo que tienen los demás, combinando cálculo de probabilidades con lectura de patrones de apuesta.

Esa mecánica entrena memoria a corto plazo, pensamiento estratégico y control emocional. Mantener la cabeza fría después de perder una mano con las probabilidades a favor, lo que en la jerga del juego se conoce como evitar el tilt, es una de las habilidades más difíciles de dominar. Y también la que más se parece al manejo de la frustración que exige cualquier deporte competitivo.

La modalidad más jugada, en torneos y en mesas de cash por igual, es el Texas Hold’em sin límite. Cada jugador recibe dos cartas propias y comparte cinco cartas comunitarias con el resto de la mesa, lo que habilita más de 1.300 combinaciones posibles de mano y explica buena parte de su popularidad frente a variantes como el Omaha, más exigentes de calcular.

En Perú, el póker viene ganando terreno de forma sostenida. Se estima un crecimiento cercano al 20% desde 2019, impulsado en parte por el acceso a torneos online y la llegada de plataformas digitales al país. Lima concentra además una escena presencial activa, con circuitos de torneos que se organizan durante todo el año.

Junto a esa escena en vivo, cada vez más jugadores peruanos se vuelcan hacia el juego de póker online. Esta modalidad permite practicar a cualquier hora y con niveles más flexibles en plataformas populares como , lo que ayuda a expandir el alcance de este deporte de mente más allá de los paños concrridos de la capital.

Deportes de mente pioneros

El camino del póker hacia el reconocimiento oficial como deporte tuvo dos intentos. En 2010, la Federación Internacional de Póker (IFP), liderada entonces por Anthony Holden, se sumó a la IMSA pero no sostuvo esa estructura en el tiempo. El reconocimiento vigente llegó por otra vía: en 2022 la recién creada Federación Mundial de Póker (WPF) obtuvo membresía provisional, y en noviembre de 2024 pasó a ser miembro oficial número nueve de la asociación.

Ya el ajedrez es el deporte mental más estudiado del grupo. La práctica regular de este de trabajo y puede retrasar el deterioro cognitivo asociado a la edad. El Comité Olímpico Internacional lo reconoció como deporte en 1999, y desde la fundación de la IMSA en 2005 integra el grupo original de disciplinas mentales.

Por otro lado, el go exige un nivel de cálculo espacial todavía mayor. Nacido en China hace más de 2.500 años y jugado en un tablero de 19x19 casillas, mucho más grande que el ajedrecístico, entrena visión de conjunto y planificación a largo plazo por encima del cálculo de jugadas puntuales. También integra la lista original de la IMSA desde 2005, junto al bridge y las damas.

Deportes mentales y deportes físicos: ¿qué tienen en común?

Los deportes mentales entrenan casi exclusivamente la cabeza, con un desgaste físico mínimo. Trabajan la memoria, la planificación y la capacidad de sostener la concentración durante horas. Se organizan, eso sí, como cualquier otro deporte competitivo, con federaciones, rankings y torneos internacionales que siguen reglas estandarizadas.

El deporte físico trabaja primordialmente el cuerpo, aunque el efecto sobre el ánimo está igual de comprobado. Libera endorfinas, baja el estrés y ayuda a sostener la concentración durante y después del esfuerzo. Un análisis sobre cómo el repasa varios de estos mecanismos, desde la reducción de la ansiedad hasta la mejora del ánimo.

Ahí es donde los dos tipos de deportes se acercan más de lo que parece. Detrás del hay cambios medibles en el cerebro. El ejercicio regular modifica regiones vinculadas con la memoria y la regulación emocional, según un artículo publicado por Knowable en español, que además señala que ni siquiera hace falta un entrenamiento intenso. Un jugador de ajedrez o de póker entrena esas mismas regiones por otro camino, a través de la repetición y la presión de la competencia, en lugar del movimiento.

En ambos casos, una mente mejor entrenada contribuye a poder sostener la concentración y tomar mejores decisiones bajo presión.

La importancia de entrenar el cuerpo y la mente

La discusión sobre si el póker “merece” llamarse deporte pierde fuerza cuando se lo compara, punto por punto, con el resto de los deportes mentales. Las reglas son igual de firmes, el entrenamiento igual de exigente y el reconocimiento igual de internacional.

Entrenar solo el cuerpo o solo la mente deja la otra mitad sin trabajar. Un partido de fútbol el fin de semana y una partida de ajedrez o una mano de póker entre semana cubren necesidades distintas, y ambas, cuando ejercidas como un deporte, presentan efectos favorables para el bienestar físico y mental.

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