Minuto 93. Sergio Ramos anota de cabeza el 1-1 en el arco del Atlético Madrid y consigue que la final de la Champions League 2013-2014 se prolongue hasta la prórroga. (Foto: sergioramos.com)
Minuto 93. Sergio Ramos anota de cabeza el 1-1 en el arco del Atlético Madrid y consigue que la final de la Champions League 2013-2014 se prolongue hasta la prórroga. (Foto: sergioramos.com)

Frente al televisor de 50 pulgadas ya no me quedan más uñas que arrancar. Me estoy por ahorcar de la desesperación esperando que ese bendito gol del empate llegue de cualquier forma. Se juegan los descuentos en Lisboa. Modric va al córner para el . En mi cabeza pienso que me meto al área del para estorbar a Godín, para empujar a Miranda, para taparle los ojos a Courtois. Llega el centro perfecto de Luka, estoy por saltar a cabecear, pero por encima de mí -y de todos- Sergio Ramos pasa como un avión y golpea el balón con un frentazo. Golazo. Si no me vieron celebrando en el córner es porque estaba quedándome afónico en la redacción central de El Comercio.

Toda historia con final feliz tiene un largo detrás de cámaras que esconde aún más emociones. Seguro que como me pasó a mí, el recuerdo de la 'Décima' guarda un relato sentimental de quienes sienten un cariño bonito por la camiseta blanca del Real Madrid. La mía se halla en el primer semestre del año 2002. Más o menos entre abril y julio. Nació mi hermano Gianmarco, la 'U' de Cappa ganaba la final del Apertura al compadre, Brasil se coronaba campeón del mundo, pero sobre todo, yo me quedaba prendado del zurdazo de volea más hermoso que haya visto. El autor era Zinedine Zidane y la ocasión era la final de la Champions League en Glasgow contra el Bayer Leverkusen.

Sucedió, luego, que el Real Madrid llenó su plantel con todos los jugadores que yo tenía de póster en mi cuarto. Arribó Ronaldo pronto a un equipo que ya tenía a Raúl, Zidane y Figo, y en el siguiente verano europeo todos los flases apuntaron a David Beckham llegando a la Liga española. Si no intentaste patear un tiro como el inglés, fracasaste como escolar iluso a la hora del recreo. A ese equipo sensacional los apodaron los 'Galácticos'. O sea, era como decir que serían la selección del mundo por si algún día bajaban los marcianos de sus naves a jugarse una pichanguita.

Sin embargo, ese Real Madrid nunca ganó nada importante. Es más, vi partir a sus figuras mientras el FC Barcelona de Ronaldinho copaba las portadas del mundo. Y en los siguientes años, me aburrí sintiendo cómo Pep Guardiola y Lionel Messi hacían de Cataluña la nueva capital del fútbol moderno con el 'Tiki-Taka'. Perdón, puristas. Yo era fiel al castigo de los fracasos madridistas.

Por eso y más, la final de la Champions League 2013-2014 tiene esa embriagadora revancha de gritarle a todos que en Europa siempre hubo un solo rey, y tiene el escudo del Real Madrid. Coincidió, también, que esa Champions fue la primera que cubrí en serio -y en un Diario serio- como periodista.

Se alinearon los planetas para tener a Carlo Ancelotti en el banco secundado por Zidane. Para ver, quizás, las últimas salvadas heroicas de Casillas. Para encontrar seguridad con Carvajal a la derecha, una salida limpia con Marcelo o Coentrao a la izquierda, o ver consolidarse a los generales Ramos y Varane en la zaga. Para proponer con una volante frenética: Modric, Khedira y Di María. Para liquidar con un ataque demoledor: Bale, Benzema y Cristiano.

En cualquier parte del mundo, esa noche europea del 24 de mayo del 2014, muchos respiramos aliviados cuando Diego Costa pidió el cambio antes de los 10 minutos, pero nos pegamos un sustazo cuando Godín se imponía en el área blanca de cabeza para el 1-0 a los 36'. Desde ese momento hasta el tercer minuto de descuento del partido, pasaron como tres partidos. Uno en el que el Atlético dormía el resultado, otro en el que el Madrid se desesperaba, y otro más cuando Ramos puso el 1-1 agónico.

Los suplementarios, creo yo, encontraron con mejores piernas a los blancos, y por eso terminaron mandando a la lona al equipo del ‘Cholo’ Simeone que andaba en estado ‘Groggy’ apenas le anotaron el empate. El penal final de Cristiano Ronaldo ya ni lo celebré. Solo esperaba el pitazo final más largo de la historia. Había esperado doce años para gritar el ‘Hala Madrid’ más sincero de mi vida.

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