El Domingo de Ramos es considerado como la fecha de apertura de la Semana Santa, he ahí su importancia. En este día se celebra la entrada de Jesús de Nazaret a Jerusalén, momento en el que todo el pueblo nazareno se volcó con su llegada por ser considerado como el Hijo de Dios. No obstante, a diferencia de otras festividades, este día cambia cada año, aunque suele enmarcarse entre finales del mes de marzo y abril.
De acuerdo con la Liturgia de Domingo de Ramos que podemos comprobar en la Biblia, el significado de este día se resume en dos palabras: el triunfo y la pasión. Es uno de los momentos más importantes del año para la comunidad cristiana, y aunque en este día tienen lugar varias celebraciones populares, la que destaca por encima de todas es la procesión de las palmas, también conocida como las palmas de Domingo de Ramos.
Uno de los detalles curiosos que en Domingo de Ramos no es necesario utilizar hojas de palma en la procesión, también se pueden utilizar otros tipos de plantas locales como el olivo, sauce, abeto o de otros árboles.
Es importante saber que la bendición de los ramos y palmas tiene lugar antes de la procesión. También se debe instruir a los fieles cristianos a que conserven en sus casas, junto a las cruces o cuadros religiosos, los ramos bendecidos como recuerdo de la victoria pascual del Señor Jesús.
La Semana Santa se celebra en México desde los primeros años de colonización española, aproximadamente desde el siglo XVIII. Entonces, la conmemoración se convirtió en un evento oficial en nuestro país. En México, la Semana Santa se considera una época de suprema importancia para los católicos mexicanos. Es común que los habitantes asistan con devoción a los actos religiosos que se organizan en todo el país.
Las misas y procesiones abundan durante estos días. En lugares como Taxco de Alarcón, las celebraciones inician con la procesión de las Palmas y continúan consecuentemente con la Procesión de los Cristos. Este evento es tradicional del Jueves Santo y sus participantes, “los Encruzados”, cubren sus rostros y desfilan vestidos de negro para pagar promesas por los favores recibidos por la providencia.
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