
Tras una tormentosa semana marcada por los duros tropiezos ante el PSG y el Real Madrid, el Barcelona logró exorcizar sus demonios y reencontrarse con su mejor versión futbolística al destrabar el duelo frente al Alavés con un transitorio 1-0. El encargado de devolverle la sonrisa a la afición en el Camp Nou fue el desequilibrante Raphinha, quien capitalizó a la perfección una brillante triangulación ofensiva gestada en la medular. La magistral jugada colectiva nació de los botines de Pedri, cuya privilegiada visión panorámica le permitió filtrar un trazo profundo hacia la incursión de Fermín López; con enorme lucidez, el joven canterano sirvió el balón en bandeja de plata para la irrupción del extremo brasileño, quien no perdonó de cara al arco y culminó una obra de arte que confirma su rol protagónico en este arranque de temporada para el conjunto azulgrana.







