Cuando el reloj asfixiaba a España y el empate parecía inamovible en suelo croata, Mikel Merino volvió a frotar la lámpara para consagrarse como el delantero improvisado más letal del continente. En una de las últimas arremetidas del equipo de Luis de la Fuente, el pamplonica recibió un balón dentro del área jugando de espaldas al marco, controló con categoría orientada, giró sobre su propio eje ante la marca rival y sacó un remate fulminante que batió a Dominik Livaković; un doblete heroico que consumó la remontada 2-1 frente a Croacia, dejó sin respuestas físicas al cuadro balcánico y ratificó al navarro como el auténtico ángel de la guarda que mete a la ‘Roja’ en los cuartos de final de la Liga de Naciones.