JORGE MORENO

Aquel verano de 1991 fue una pesadilla para el pueblo peruano. Además de sufrir con los ataques terroristas de Sendero Luminoso, y pasar de la hiperinflación del gobierno de Alan García al ‘paquetazo’ de Alberto Fujimori, se desató una epidemia descomunal: el cólera.

Ahí, se registraron casi 300 mil casos de personas infectadas, de las cuales casi tres mil perdieron la vida.

¿Cómo empezó todo? En enero, la temida bacteria se detectó en el norte y luego se propagó, infectando a miles de personas en distintos departamentos: El gobierno decretó Estado de Emergencia. Se recomendaba lavarse mucho las manos y tener cuidado extremo con los alimentos, pero no todos tomaron en cuenta la sugerencia.

Que siga el show

Foto de Archivo.
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¿Y el fútbol? Aquí el deporte rey no se detuvo, pese a que la temida epidemia tenía en suspenso al país. El Descentralizado, que contaba con 41 equipos repartidos en 5 regiones, se inició con normalidad.

En la zona Metropolitana, el ilustre veterano César Cueto ofrecía sus últimos actos de magia con la blanquiazul, ‘Balán’ Gonzales era el goleador de la ‘U’ y Horacio ‘Pepa’ Baldessari rompía redes con la celeste de Cristal.

Las selecciones de menores tampoco detuvieron sus trabajos en La Florida (aún no existía la Videna). Roberto Drago, técnico de la Sub 17 y César Gonzales, de la Sub 20, siguieron trabajando con miras a los sudamericanos en Paraguay y Argentina, respectivamente.

‘Titín’ tenía a su cargo a Nolberto Solano, Jean Ferrari, David Chévez, Paul Cominges y Carlos ‘Kukín’ Flores. ‘Chalaca’, en tanto, dirigía a Flavio Maestri, Germán Pinillos, Marco Valencia, Pablo Zegarra, Paolo Maldonado y ‘Kanko’ Rodríguez, etc.

La Copa Rota

Foto de Archivo.
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Las noticias de la crisis en Perú fueron de gran impacto en el extranjero. Por eso, los paraguayos Cerro Porteño y Colegiales de Paraguay- que en el mes de marzo debían visitar a la ‘U’ y Sport Boys por la Copa Libertadores- no querían venir. Incluso pidieron a la Confederación Sudamericana de Fútbol que cambie la sede de los partidos. Y ofrecieron como alternativas Santa Cruz (Bolivia) y Santiago de Chile.

“Aquí hay mucha preocupación por lo que viene sucediendo al hermano país”, declaraba Magno Ferreyra, entonces presidente de Cerro Porteño, mientras pugnaba por impedir que su equipo jugara en el Perú.

La ‘U’ reaccionó y consiguió documentos del Ministerio de Salud local y de la Organización Mundial de la Salud. Y de inmediato los remitió a la Conmebol para argumentar que, a pese a la existencia de la epidemia, sí se podía jugar en Lima.

Entonces, el ente rector del fútbol sudamericano dio luz verde a la capital peruana.

Hubo, además, un buen antecedente. Universidad Católica de Chile llegó a Lima para enfrentar a Alianza el 15 de febrero. Y no hubo problemas.

A regañadientes, los ‘guaraníes’ aceptaron viajar a fines de marzo. Eso sí, tomaron extremas medidas de seguridad: trajeron grandes cantidades de agua, frutas, carne, verduras y jugos envasados. Y un numeroso cuerpo médico.

Triste final

A la hora de la verdad, los visitantes no sufrieron, porque se fueron invictos de Lima. El campeón Cerro Porteño venció 3-1 al Boys y empató 1-1 con la ‘U’. Colegiales, debutante en torneos internacionales, igualó 2-2 con los rosados y 0-0 con el campeón peruano. Eso sí, las tribunas lucían casi llenas.

Al final, los paraguayos clasificaron invictos a la segunda ronda y la ‘U’ pasó como mejor tercero (con cinco puntos). Obviamente, muchos diarios resaltaron que, al final, nuestros coperos dieron ‘colera’ en el Grupo 4 de la Copa.

Es un capítulo triste de nuestra historia. El pueblo peruano pudo salir a flote con fe y esperanza. La situación se controló y para fin de año la epidemia fue superada. Eso sí, el fútbol peruano no lograba despegar y continuaba su decadencia en todo nivel.

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