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¿Qué pasa cuando una aplicación recomienda una sesión exigente, pero el corredor siente que necesita descansar? ¿Debe confiar en los datos de su reloj o en las señales de su propio cuerpo? La inteligencia artificial ha abierto nuevas posibilidades para planificar los entrenamientos, aunque su uso también plantea una pregunta: ¿hasta dónde podemos delegar nuestras decisiones deportivas a un algoritmo?
Para Guillermo Acuña, head coach de TRIFIT, estas herramientas pueden aportar mucho al proceso de preparación de un atleta. “La inteligencia artificial puede ser una herramienta muy útil para organizar entrenamientos, analizar datos y entender mejor nuestro rendimiento. Hoy podemos procesar información sobre ritmos, frecuencia cardíaca, distancias, cargas de entrenamiento y recuperación en cuestión de segundos”, explica.
Esta capacidad facilita el acceso a información que antes requería un análisis más prolongado. Sin embargo, “tener acceso a mucha información no necesariamente significa saber interpretarla o aplicarla correctamente”, advierte el entrenador de triatlón.
Al utilizar estos planes, también es importante considerar que cada corredor tiene necesidades distintas. La condición física, la experiencia, los objetivos, la disponibilidad y la capacidad de recuperación deben formar parte de la planificación. Si estos aspectos no se toman en cuenta, las cargas propuestas podrían no corresponder a lo que el deportista necesita en ese momento.
En palabras del head coach, “un buen plan no es estático: necesita evaluarse y ajustarse constantemente según la respuesta del deportista”. Por ello, sus recomendaciones pueden servir como punto de partida, pero no deberían seguirse sin supervisión ni evaluación.
El equilibrio entre tecnología y criterio
La dependencia comienza cuando el corredor deja de escuchar sus propias sensaciones y necesita que una plataforma le indique qué hacer en cada momento. El problema no está en consultar los datos, sino en convertirlos en órdenes que se cumplen sin considerar el estado físico del deportista.
Guillermo Acuña advierte que esto puede ocurrir cuando alguien experimenta molestias, acumula fatiga o no ha descansado adecuadamente, pero decide completar la sesión porque así lo establece su planificación. “Uno de los objetivos del entrenamiento es desarrollar también el criterio del deportista: que aprenda a reconocer sus sensaciones, entender sus intensidades y tomar buenas decisiones”, sostiene.
Esta autonomía resulta especialmente importante porque una aplicación puede desconocer antecedentes de lesiones, molestias recientes o cambios en la rutina. Si estos factores no se comunican o no se incorporan a la planificación, las cargas propuestas podrían no corresponder a la condición actual del corredor.
El entrenamiento también debe ayudar a desarrollar el criterio del deportista para reconocer sus sensaciones, comprender las intensidades y tomar decisiones oportunas. En esa línea, el entrenador recuerda que “en el entrenamiento no solamente importa lo que somos capaces de hacer, sino también lo que nuestro organismo está preparado para asimilar”.
La tecnología, por tanto, debería contribuir a que el corredor comprenda mejor su entrenamiento y gane independencia, en lugar de acostumbrarlo a obedecer indicaciones sin cuestionarlas. Como señala el entrenador, “la tecnología debería fortalecer esa autonomía, no reemplazarla”.
El coach: la mirada humana detrás de los datos
Aunque las aplicaciones pueden procesar información y detectar tendencias, el acompañamiento de un entrenador incorpora elementos que no siempre aparecen en un reloj deportivo. Los cambios en la técnica, la inseguridad, la falta de motivación y hasta los problemas personales pueden influir en la evolución de un atleta.
Desde su experiencia, el especialista en preparación deportiva considera que el valor del coach está en “la capacidad de observar, interpretar y tomar decisiones considerando al deportista como una persona y no solamente como un conjunto de datos”. Su labor no se limita a prescribir sesiones: también implica reconocer cuándo exigir, modificar una carga o recomendar descanso, además de enseñar, corregir y desarrollar la confianza del corredor.
Esto no significa que la inteligencia artificial deba quedar fuera del trabajo de los entrenadores. Por el contrario, puede convertirse en una aliada para agilizar tareas y aprovechar mejor la información disponible. En TRIFIT, por ejemplo, el equipo trabaja con evaluaciones de rendimiento, zonas de entrenamiento y seguimiento de sus deportistas; una experiencia que, según explica el líder del equipo, permite que la IA ayude a “procesar los datos, identificar tendencias, comparar resultados y optimizar la planificación”.
El beneficio directo está en el tiempo que estas herramientas liberan para fortalecer el vínculo humano. El especialista resume que este margen abre la oportunidad de “dedicar más tiempo a lo que realmente aporta valor: observar, enseñar, corregir y acompañar individualmente a cada atleta”.
Para quienes recién empiezan, Acuña recomienda utilizar la IA primero como una herramienta de consulta y aprendizaje. Puede servir para conocer mejor las zonas de entrenamiento, los ritmos, la recuperación y la preparación para una competencia. Si se emplea para organizar sesiones, es importante proporcionar información realista sobre la experiencia, condición física, objetivos y disponibilidad, y contrastar las recomendaciones con un profesional.
La inteligencia artificial puede aportar información valiosa, pero su utilidad dependerá de cómo se interprete y aplique. Como bien advierte el head coach de TRIFIT, si bien esta herramienta permite trabajar de manera más informada, el entrenamiento inteligente exige saber interpretar, adaptar y, cuando sea necesario, detenerse.






