La olímpica peruana Thalía Valdivia celebra su victoria en los 21 kilómetros de la Maratón adidas Rímac Lima 42K 2026. (Foto: La Tribuna del Running)
La olímpica peruana Thalía Valdivia celebra su victoria en los 21 kilómetros de la Maratón adidas Rímac Lima 42K 2026. (Foto: La Tribuna del Running)

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Estudiaba Derecho de noche, entrenaba al amanecer y ganó los 21K de Lima tras meses sin correr: la historia de Thalía Valdivia

Pocas semanas antes de ganar la , ni siquiera tenía claro si podría competir. Un problema de salud la había mantenido más de dos meses alejada de los entrenamientos y la preparación para correr una maratón completa quedó descartada.

Sin embargo, decidió tomar la partida en los 21 kilómetros y terminó imponiéndose en la carrera más importante del país. Una nueva alegría para una atleta acostumbrada a superar obstáculos.

La de la maratón olímpica de París 2024 nos contó sobre sus inicios, las lesiones que casi la alejan del deporte, el reto de combinar estudios y entrenamiento, el respaldo de las marcas y los objetivos que todavía la impulsan.

Venías de una recuperación complicada. ¿Qué significado tuvo ganar los 21K de Lima en esas circunstancias?

Fue una satisfacción enorme porque estuve más de dos meses alejada de los entrenamientos por un tema de salud. El tiempo ya no alcanzaba para preparar una maratón y todavía no me sentía al cien por ciento. En un principio pensamos no competir, pero finalmente decidimos correr los 21K.

¿Qué sentiste al volver a competir en casa y recibir el apoyo del público peruano?

Fue muy emocionante. La Maratón adidas Rímac Lima 42K es una de las fiestas deportivas más grandes del país y no quería estar ausente. Ver a tanta gente alentando durante la ruta y poder representar a Adidas de la mejor manera, ganando la carrera, me llena de orgullo.

Después de París 2024, ¿corres con más confianza o con más responsabilidad?

Con ambas cosas. Los momentos difíciles también te fortalecen. Esta temporada no ha sido sencilla para mí y hubo momentos en los que sentía que ya no podía más. Pero aprender a superar esas situaciones me ayudó a confiar más en mí misma.

También siento responsabilidad porque hay muchas personas que creen en mi trabajo. Están las marcas que me apoyan y toda la gente que me sigue. En los momentos de crisis pienso en eso y encuentro fuerzas para seguir adelante.

¿Qué diferencia encuentras entre la Thalía que empezó a correr y la atleta que eres hoy?

Cuando uno empieza, los sueños son grandes. Recuerdo que en el 2017 me inscribí por primera vez a la 10K de Adidas y soñaba con ingresar al corral donde estaban los corredores de élite, pensaba que algún día ese también sería mi lugar.

Con los años aprendí a confiar en mis capacidades. Antes dudaba mucho de mí misma. Pensaba que si atacaba no iba a resistir. Hoy tengo otra perspectiva y sé de lo que soy capaz.

Las lesiones marcaron varios momentos de tu carrera. ¿Qué te enseñaron?

Me enseñaron paciencia. Puedes tener al mejor médico o fisioterapeuta, pero hay lesiones que solo el tiempo puede curar.

Hubo momentos en que me pregunté si realmente estaba hecha para esto. Pensaba: “¿Por qué me lesiono tanto? Quizá debería dedicarme únicamente a mi carrera profesional”. Pero también me repetía si Dios me puso aquí es por algo, no podía renunciar antes de cumplir mis metas. Con el tiempo entiendes que cada obstáculo también te ayuda a madurar.

Muchos conocen tus resultados, pero no necesariamente la historia que hay detrás. ¿Qué parte de tu camino crees que la gente desconoce?

Mis inicios. Mucha gente cree que uno nació corriendo rápido, pero detrás hay muchas batallas. Empecé a correr a los 21 años mientras estudiaba en la universidad pública de Huánuco. Entrenaba sola y recibía mis planes de trabajo a distancia. En las mañanas iba a clases y por las tardes salía a correr.

En 2019 entendí que si quería dedicarme al alto rendimiento tenía que salir de mi ciudad. Fue una decisión muy difícil porque tuve que poner en segundo plano mis estudios universitarios, algo que era importante tanto para mí como para mis padres.

Me trasladé a una zona de mayor altitud para entrenar y la adaptación fue complicada. Recuerdo que buscaba clasificar a los Juegos Panamericanos en los 10.000 metros. En mi primer intento no lo logré, aunque estuve cerca. Eso me motivó a seguir insistiendo.

Mucha gente me decía que podía correr fuerte, pero yo todavía no terminaba de creerlo. Recién en la siguiente competencia conseguí la marca que buscaba. Ahí sentí que mi carrera deportiva realmente estaba comenzando.

Años después lograste graduarte de abogada. ¿Cómo hacías para combinar ambas exigencias?

Me gradué de abogada en agosto del año pasado y fue una meta que me costó mucho. Mis clases eran de 7 a 10 de la noche y muchas veces terminaban incluso más tarde. Pasaba varias horas sentada en la universidad después de haber entrenado durante el día.

Recuerdo que me llevaba una silla propia, como las de oficina, porque las de la universidad eran muy duras. Algunos compañeros me miraban raro, otros sabían que era deportista y lo hacía para evitar lesiones o molestias.

Muchas veces llegaba a casa cerca de las once de la noche, cenaba algo y me iba a descansar porque al día siguiente, a las siete de la mañana, ya estaba nuevamente en la pista haciendo trabajos de velocidad. Los sábados tampoco eran libres: estudiaba desde la una hasta las ocho de la noche.

Hoy recuerdo esa etapa y me pregunto de dónde sacaba tanta voluntad para pasarme el día entre clases y entrenamientos. Pienso en esa Thalía de aquellos años y la admiro bastante.

¿Hubo alguien que te inspiró a apostar por el alto rendimiento?

Mi entrenador de aquella época, José Luis Chauca, fue muy importante. Él me motivó a conocer más sobre este deporte.

Investigando descubrí las historias de Gladys Tejeda, Inés Melchor y los hermanos Pacheco. Leía sobre ellos, veía sus resultados y me preguntaba cómo habían logrado llegar tan lejos. Algún día quería parecerme a ellos.

¿Qué papel ha tenido Raúl Pacheco en tu crecimiento reciente?

Trabajo con él desde el año 2024 y me ha ayudado muchísimo a fortalecer la parte mental. Hay días en que uno flaquea, pero él siempre está ahí para motivarme. Además, su experiencia como atleta olímpico le permite entender perfectamente todo lo que atraviesa un deportista.

Fuiste la mejor latinoamericana en París 2024. ¿Qué te dejó esa experiencia?

París 2024 me dejó la satisfacción de haberlo entregado todo. No me guardé nada durante la carrera. Aun así, es inevitable preguntarme qué habría pasado si me mantenía con el primer pelotón de las africanas y me animaba a asumir más riesgos. Tal vez habría podido acercarme a un Top 10 o quizá no. Son preguntas que todavía me hago. Pero cuando analizo el nivel de las competidoras, la dureza de la ruta y las condiciones climáticas, me quedo con la tranquilidad de haber dado batalla hasta el final, algo de lo cual me siento feliz.

¿Qué objetivos te motivan hoy?

Los Juegos Panamericanos de Lima 2027 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Quiero llegar mejor preparada y seguir creciendo como atleta.

¿Es posible construir una carrera deportiva de alto nivel sin apoyo?

Es difícil, pero no imposible. Yo llegué a París sin gran parte de las marcas que hoy me acompañan. En ese momento solo contaba con Adidas.

Cuando uno tiene metas claras encuentra la forma de seguir avanzando, aunque el camino sea más complicado.

Thalia Valdivia, la mejor maratonista latina en los JJ.OO. París 2024. (FOTO: Hugo Pérez / GEC).
Thalia Valdivia, la mejor maratonista latina en los JJ.OO. París 2024. (FOTO: Hugo Pérez / GEC).

¿Crees que las marcas están apostando realmente por el atleta peruano?

Hay algunas que sí lo hacen, pero todavía son pocas. El running ha crecido muchísimo en el país, pero siento que muchas empresas aún no terminan de mirar al deportista como un aliado.

Ojalá eventos como la Maratón adidas Rímac Lima 42K ayuden a cambiar eso porque el respaldo de las marcas brinda tranquilidad para enfocarnos en entrenar y competir.

¿Cómo observas el crecimiento del running en el Perú?

Es impresionante. Cuando empecé a correr en Huánuco éramos apenas cinco personas entrenando.

Hoy, veo grupos completos de corredores aficionados en distintas ciudades. Es bonito porque el running ayuda a las personas a sentirse mejor física y emocionalmente. Como bien dicen es un antidepresivo gratis.

¿Qué consejo le darías a una niña de provincia que sueña con llegar a unos Juegos Olímpicos?

Que persevere y nunca se de por vencida. Los sueños sí se hacen realidad, pero primero hay que confiar en una misma. En el camino siempre habrá personas que te dirán que no puedes, que te harán comentarios negativos o incluso te cerrarán puertas. A mí me pasó muchas veces, pero eso no debe convertirse en un obstáculo para alcanzar tus metas. En cualquier disciplina hay que ir con todo, convencida de lo que uno quiere lograr y sin miedo a perder ni a ganar.

SOBRE EL AUTOR

La notas firmadas como ‘Redacción Depor’ son notas producidas por miembros de nuestra redacción, bajo la supervisión del editor de las secciones de la marca.

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