Daban las 3 de la tarde y una comisión que aparentemente no escaparía de esa acostumbrada sensación de que la Selección Peruana no obtendría punto alguno en Quito era casi evidente. 3 es el número de oro: 3 horas después los gritos de la gente eran de algarabía, 3 goles se anotaron en ese encuentro, 3 puntos de oro sumó la blanquirroja.
En la previa, un grupo musical ponía su cuota de peruanidad con una que otra canción que la gente lograba entonar... y por qué negarlo, la mayoría solo sabía gritar "Perú, Perú, Perú". ¿En momentos así qué es lo más importante? La respuesta llegaba gracias a la misma cantidad de personas que se sumaban a la Plaza de Armas de la capital: la gente misma.
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Supongo que unas 2 mil almas estaba reunidas, y con ello podría probar que no tengo talento para el cálculo. Cubrí mi polo beige con la camiseta de todos, una que encontré en un armario que, quién sabe, en una de tantas fotografías para el impreso, sostuvo alguno de los jugadores que hoy dejó huella en el Estadio Olímpico Atahualpa.
Tengo en la cabeza 4 o 5 rostros presentes. Caras que no me olvidaré porque, detrás de esa reja que dividía al público de la prensa, sufrieron igual que yo. Los primeros cuarenta y cinco minutos Perú mostró que no iba a ser pieza fácil para los de la mitad del mundo; esos quince de descanso posteriores sirvieron para revisar las redes y enterarme que Bolivia había hecho su tarea. Los hinchas accedieron a celebrarlo.
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La prueba final: El segundo tiempo arrancó con esas ganas que nos regalaron una victoria en Paraguay . A un lado, un niño que había accedido gracias a los organizadores aseguró ser fiel lector de este medio y me reprochó la ausencia del Cuy Jimmy. Es más, me apostó que si Perú ganaba lo regresemos a las páginas; si Perú perdía, él me invitaba una galleta. (Por dentro sonreí) "Claro que sí", le dije... "pero no olvides que yo también quiero que gane Perú".
Otra vez Edison Flores, y ahí no más, el recién ingresado Paolo Hurtado. Ya hasta había olvidado lo coordinado con el camarógrafo. "Si Perú mete un gol empiezas conmigo al frente y luego captas a la gente celebrando"; no se cumplió. Esos goles los grité como los dos anteriores ante Bolivia. Luego tocó ajustar de la misma manera.
El sol nos abandonaba y con él la tranquilidad. Ecuador anotó el descuento y ese tanto sirvió como flechazo directo a nuestros corazones. No se podía repetir la historia. Estamos cansados del "jugamos como nunca, perdimos como siempre. Hoy no, chicos, por favor.
5 minutos de adición que se vivieron como esa cuenta regresiva de año nuevo, o como cuando esperas nervioso a ver el resultado de tu examen de admisión, o yo qué sé, todas esas situaciones en las que tu ritmo cardíaco se pone a mil por hora.
Sonó un pitazo, el final. Sin embargo, en todos los presentes en aquella Plaza de Armas, en aquel lugar donde hace quinientos oprimían a todo el pueblo peruano, donde se gestó la base de un Virreinato. Era en ese mismo lugar donde pude ver esas sonrisas de libertad, lo importante de depender de ti mismo. Esta selección es independiente, ya es mayor de edad, es madura y está a punto de realizar ese viaje tan importante. Perú ganó 2 a 1, y no me importa perder mi voz. Mi corazón sigue intacto por la blanquirroja.
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