Yuliana Bolívar, la incansable judoka que solo quiere dormir

Incontrolable de niña, el judo le dio paz. Y le dio, sobre todo, un medio de vida (y una medalla) después de abandonar su natal Venezuela. Esta es la historia de Yuliana Bolívar, quien le dio una presea de bronce al Perú, el país que la acogió, en Lima 2019.

Yuliana Bolívar

Yuliana viajó en Navidad a Perú en busca de oportunidades. Acá pudo trabajar y practicar el judo, la pasión de su vida y que le dio una medalla en los últimos Juegos Panamericanos. (Diseño: Daniel Yucra)

Yuliana viajó en Navidad a Perú en busca de oportunidades. Acá pudo trabajar y practicar el judo, la pasión de su vida que le dio una medalla en los últimos Juegos Panamericanos. (Diseño: Daniel Yucra)

Cuentan que en la calle 13 de la ciudad de Puerto Ordaz, Piedad Gonzales no sabía qué hacer con ella: escondía los quesos, jamones y chocolates en los estantes más altos de la cocina –ni una caja fuerte hubiera servido–, pero Yuliana igual se las ingeniaba para devorarlos. La niña de 10 años, con esa misma astucia, también se las arreglaba para abrir los cerrojos de la puerta, mientras todos hacían la siesta en casa, y mandarse a mudar con una bicicleta, hasta que el sol se marche y las rodillas terminen negras y llenas de arañones con tantas caídas.

“Era tan hiperactiva que una vecina le recomendó a mi mamá que me llevé con un especialista”, nos cuenta Yuliana Bolívar, sin saber que esa decisión iba a desencadenar que 19 años después gane una medalla de bronce en unos Juegos Panamericanos. A doña Piedad le dijeron que, aprovechando la temporada de vacaciones, la inscriba en clases de judo. “Me gustó tanto que nunca más dejé de practicarlo y, de paso, sirvió para que mi madre descanse de mí (risas)”.

Yuliana no ha mentido: desde entonces jamás se quitó un judogui –el atuendo de los judokas–. Si desde su época escolar lo guardaba en su mochila junto a sus cuadernos, la costumbre nunca cambió. Ni en diciembre del 2016, cuando sin pensarlo mucho dejó a toda la familia en Venezuela –como tantos de sus compatriotas– y realizó un viaje de cinco días por bus hasta Lima. “No fue fácil. Recuerdo que en Ecuador pasé por primera vez la Navidad sin mis papás. Y en mi maleta solo guardé unos jeans, casacas, ropa interior, una almohada, una cobija y mis dos judoguis”.

Yuliana Bolívar no pudo contener las lágrimas y la emoción, tras ganar la medalla de bonce. (Video: TV Perú)

Otros hubiesen utilizado ese lugar en la maleta para más ropa o cosas más importantes, pero Yuliana forjaría su camino, en esta nueva vida, con sus judoguis y algo más: su fortaleza. Al pisar nuestro suelo –que hoy también es suyo–, aprovechó sus estudios de fisioterapeuta y trabajó en el Policlínico San Juan. “Sumaba más ingresos porque vendía comida en la misma clínica. Preparaba arepas, que me quedaban la verdad muy bien. Todos compraban”, recuerda entre risas.

Su trabajo como fisioterapeuta, y su talento en judo (con la ‘vinotinto’ ganó una medalla de plata en los Bolivarianos 2009 y una de bronce en los Juegos Odesur 2014), le abrieron las puertas en la Federación Peruana de Judo. Antes de llegar a Perú, le había enviado una gran cantidad de correos al presidente de esta federeación, Carlos Zegarra, solicitándole que le permita entrenar. “Me respondió en enero, un mes después de mi llegada. Tuve suerte. Él, junto a su esposa María Martínez, me abrieron las puertas en la Videna, lugar donde empecé a vivir. Tuve trabajo como fisioterapeuta y tenía la posibilidad de entrenar”.

Las lágrimas de todo un país

En la división +78kg, por la presea de bronce, Yuliana acaba de derrotar a la norteamericana Kina Cutro-Kelly. Sin embargo, la emoción no termina cuando nuestra medallista se pone de pie, sino cuando segundos después, se deja caer, cruza los brazos, agradece y rompe en llanto. Solo ella sabe –y, por supuesto, sus padres Julio y Piedad–, qué hubo detrás de cada lágrima. Quizá la pena de no verlos hace cuatro años, o la valentía para dejar de trabajar y entrenar duro desde febrero, aun cuando eso significaba dejar de enviarles dinero. “Pese a eso, ellos me apoyaron”, rememora, agradecida, la judoka que pasó una Navidad en un bus, desconfiada y asustada, rodeada de desconocidos.

Yuliana Bolívar

Yuliana Bolívar se mostró orgulla de representar al Perú, pese a su origen venezolano. (Video: Capital Perú TV)

La chica que vive para el judo, que disfruta bailar, del cine, de Netflix e ir al Parque de las Aguas con sus amigos, hoy piensa en la posibilidad de volver a abrazar a sus papás antes de fin de año. “Igual, ellos saben que en mi mente solo está seguir preparándome. Creo que mi próxima competencia será en República Dominicana, en setiembre”. La que defendió nuestra bandera con un talento que se forjó en Venezuela y con ese desbordante orgullo que solo tenemos los peruanos, que parecía incontrolable a los 10 años, se ha dejado abrazar por el judo. Y después de tanto, confiesa: “La verdad que ahora solo quiero descansar y dormir”.

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